sábado, 23 de marzo de 2024

Impensable ahora




En el semestre sabático que forzadamente tomé para recuperarme del desgaste en las cuerdas vocales, entre tratamientos médicos y fonológicos, descubrí que todavía soy aquella niña que no llevaba la tarea, y se quedaba sin salir a recreo haciendo 100 tontas frases estilo "debo traer siempre mi tarea" 

La semana pasada me inscribí al curso virtual que deseaba desde tiempo atrás. 

Me enviaron mi horario de clases, nombre del docente, plataforma etc.

Muy emocionada me conecto el primer día, viene la presentación de los alumnos y el docente, y luego la pregunta que me regresó a la infancia en 2 segundos:

Docente:  "Tienen ya su manual todooooos" 

Alumnos (menos yo): Siiii (a coro muy bonito)

Mi cara de sorpresa quedó grabada en la sesión y mi pregunta de: ¿¿Cuál manual?? - también.

Docente: "¿Revisaste el mensaje que les enviaron?

¿Mensaje?...(busco mi celular...y los mensajes raros que nunca leo).


Y regresa la sensación de susto de la infancia:

¿De qué habla la maestra Ofelia? 

¿Cuál tarea de Ciencias Naturales?

¡Quedas castigada y sin recreo!

¡Y a escribir tontas frases y en ocasiones para variarle: el himno nacional para reforzarlo!


Me sentí desencanchada...todos habían leído el manual y comentaban esto o lo otro.

Sin embargo, pude enviar mis actividades todas completitas y bien fundamentadas porque es algo que deseaba hacer, aprender, reforzar.

Y si...todavía está en mí aquella niña de las tareas sin llevar, la descubrí en la primera clase del curso, pero solo por breves instantes.





miércoles, 13 de marzo de 2024

Alas y vuelos


Una tarde calurosa de marzo, un pajarito cayó al jardín. 

Previo a su caída, había mucho alboroto de aves. Unas estaban encima de mi cabeza sobrevolando el terreno, otras posadas en el techo de la casa.

No entendía lo que hacían, mucho menos lo que ocurriría minutos después.

          Era una tarde calurosa del marzo de hace 5 años. 

Estaba entretenida sembrando flores, las manos lodosas (los guantes siempre me estorban y termino quitándomelos), e imaginando donde colocar las plantas para que las abejas, mariposas o lo que fuera pudieran ver las flores y polinizarlas.

Acalorada y con sed, caminé para tomar mi botella de agua y fue en ese instante en que algo pequeño, de color negro cayó aleteando y tratando de aterrizar en la pista improvisada que era el jardín de la casa.

El piar de la bandada que volaba encima, subió su volumen.

          Una paloma aleteaba nerviosa cerca de un árbol.

Me acerqué lentamente al ave lastimada que se movía agitada, adolorida. Una de sus alas parecía colgar, la otra estaba bien porque el polluelo volaba dando tumbos y se escondió en un pequeño árbol de limón. 

La paloma, colocada ya en una pequeña torrecita de la casa del vecino, piaba fuerte cuando me movía y caminaba.

Recogí mis herramientas del jardín.

Caminé hacia la casa, entre piares amenazantes. 

A través de un ventanal vi que varias aves bajaban al jardín,

Una pajarita negra con café, ajena a todo el barullo iba y venía volando con comida en el pico para alimentar al pequeño escondido en el limón.

Comenzó la noche.

Al fondo, la pajarita agazapada con su polluelo.

Cerré mis ventanas y cortinas.

Hora de dormir, mañana seria otro día.



Impensable ahora

En el semestre sabático que forzadamente tomé para recuperarme del desgaste en las cuerdas vocales, entre tratamientos médicos y fonológicos...