miércoles, 13 de marzo de 2024

Alas y vuelos


Una tarde calurosa de marzo, un pajarito cayó al jardín. 

Previo a su caída, había mucho alboroto de aves. Unas estaban encima de mi cabeza sobrevolando el terreno, otras posadas en el techo de la casa.

No entendía lo que hacían, mucho menos lo que ocurriría minutos después.

          Era una tarde calurosa del marzo de hace 5 años. 

Estaba entretenida sembrando flores, las manos lodosas (los guantes siempre me estorban y termino quitándomelos), e imaginando donde colocar las plantas para que las abejas, mariposas o lo que fuera pudieran ver las flores y polinizarlas.

Acalorada y con sed, caminé para tomar mi botella de agua y fue en ese instante en que algo pequeño, de color negro cayó aleteando y tratando de aterrizar en la pista improvisada que era el jardín de la casa.

El piar de la bandada que volaba encima, subió su volumen.

          Una paloma aleteaba nerviosa cerca de un árbol.

Me acerqué lentamente al ave lastimada que se movía agitada, adolorida. Una de sus alas parecía colgar, la otra estaba bien porque el polluelo volaba dando tumbos y se escondió en un pequeño árbol de limón. 

La paloma, colocada ya en una pequeña torrecita de la casa del vecino, piaba fuerte cuando me movía y caminaba.

Recogí mis herramientas del jardín.

Caminé hacia la casa, entre piares amenazantes. 

A través de un ventanal vi que varias aves bajaban al jardín,

Una pajarita negra con café, ajena a todo el barullo iba y venía volando con comida en el pico para alimentar al pequeño escondido en el limón.

Comenzó la noche.

Al fondo, la pajarita agazapada con su polluelo.

Cerré mis ventanas y cortinas.

Hora de dormir, mañana seria otro día.



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